Los neoyorquinos y turistas que amanecieron este jueves en Times Square se toparon con una imagen surrealista: un Elon Musk gigante, sin camiseta y sonriente, que se alzaba varios metros sobre el gentío. Pero el muñeco hinchable no era un homenaje: lucía un tatuaje en el abdomen que rezaba “SpaceX’s Grok makes AI child porn” (“El Grok de SpaceX genera pornografía infantil con IA”).
La protesta, organizada por el grupo Safe AI Now (SAIN), llega justo un día antes de la OPI de SpaceX, prevista para el viernes 12 de junio, la mayor salida a bolsa de la historia. La compañía espera recaudar unos 75.000 millones de dólares y alcanzar una valoración cercana a los 1,75 billones de dólares, ofreciendo acciones a 135 dólares cada una.
¿Qué denuncia Safe AI Now?
SAIN se define como una coalición de líderes religiosos, defensores de la infancia, expertos en tecnología y ciudadanos preocupados. Su objetivo con esta efigie es lanzar una advertencia directa a los inversores:
“El objetivo de esta efigie de Musk es dar una advertencia simple a los inversores: Musk construyó una IA peligrosa y explotadora, encubrió los daños, la fusionó con SpaceX y ahora está vendiendo ese pasivo al público a 135 dólares por acción.”
El grupo asegura que los accionistas de SpaceX serán responsables de cada demanda, investigación penal y multa regulatoria que recaiga sobre Grok, el chatbot de xAI que SpaceX adquirió a principios de año.
El historial de Grok: imágenes no consentidas y demandas
La controversia no es nueva. El modo NSFW de Grok permite generar imágenes sexualizadas, y ya ha sido acusado de producir contenido sexual explícito de menores. En enero, la Comisión Europea abrió una investigación para evaluar si xAI evaluó y mitigó correctamente los riesgos. Ese mismo mes, 35 fiscales generales estatales de EE.UU. firmaron una carta abierta exigiendo medidas para eliminar ese tipo de contenido.
En marzo, tres menores presentaron una demanda colectiva contra xAI alegando que la herramienta se usó para crear desnudos falsos de ellas. Ashley St. Clair, madre de un hijo de Musk, también demandó a la empresa por supuestamente generar imágenes sexuales explícitas de ella. Además, la revista WIRED reportó esta semana que Grok aloja imágenes no consentidas de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez y otras celebridades.
El propio documento S-1 presentado por SpaceX ante la SEC el mes pasado ya advertía a los inversores potenciales de que el modo NSFW de Grok podría suponer “riesgos elevados” y “daños reputacionales”, especialmente por su capacidad de generar “imágenes no consentidas o explotadoras”.
La respuesta de Musk
Ante las críticas, Musk declaró en enero que “cualquiera que use Grok para crear contenido ilegal sufrirá las mismas consecuencias que si subiera contenido ilegal”. La cuenta oficial de X afirmó tener “tolerancia cero con cualquier forma de explotación sexual infantil”. Sin embargo, los activistas consideran que estas medidas son insuficientes.
El muñeco hinchable: más que una broma
La efigie no solo llevaba el mensaje principal. En su bíceps izquierdo lucía un tatuaje con un corazón y la palabra “ketamina”, en referencia al consumo que Musk ha reconocido para tratar la depresión. Según WIRED, también mostraba un tatuaje en el hombro que imitaba un saludo de corte nazi realizado por Musk tras la investidura de Trump en 2025.
El inflable se colocó estratégicamente frente al Nasdaq y las oficinas de JP Morgan, uno de los bancos que suscriben la OPI. SAIN confirmó que la instalación permanecería en pie hasta las 7 de la tarde (hora local) del jueves.
El ambiente en Times Square
A pesar de la espectacularidad de la protesta, la mayoría de los transeúntes parecía indiferente. Muchos se tomaron fotos, algunos posando de forma burlona, pero pocos parecían conocer los detalles de la denuncia. Un representante anónimo de SAIN declaró a WIRED que la acción era “muy bombástica a propósito para llamar la atención sobre este problema realmente importante”.
SpaceX no respondió a las solicitudes de comentarios de Business Insider ni de WIRED. Mientras tanto, la OPI sigue adelante, y la pregunta que flota en el aire es si los inversores están dispuestos a asumir el riesgo legal y reputacional que, según los activistas, viene de serie con Grok.









